El objetivo de este anuncio no era trasladar una opinión política, sino difundir derechos humanos universales. La información que aparecía en el spot se ceñía a elementos objetivos que organismos y mecanismos se han encargado de vigilar y proteger.
Contrapunto y Amnistía Internacional trabajaron juntos de nuevo, apoyándose en la vitalidad de este spot. El eje de toda la campaña era un microsite donde las voces se entrecruzaban y se solapaban. Más de 100 caras, socios de Amnistía Internacional, articulaban palabras que uniéndolas formaban, a modo de tipografía, las frases. Cuando se pasaba el ratón por encima de una cara ésta se activaba y formulaba en alto una palabra. Las caras estaban agrupadas en párrafos y a su vez los párrafos formaban un manifiesto. Una buena fórmula para remover conciencias.
En TV se escuchaba un discurso elaborado a través de diferentes líderes mundiales en el que curiosamente expresaban todo lo contrario de lo que practicaban.
En prensa se utilizó formatos pequeños para simular que en las fotos de los líderes mundiales publicadas en el periódico alguien había escrito en forma de viñeta lo que realmente éstos deberían decir y no decían. Y para publicidad exterior se crearon carteles con las mismas motivaciones.
Todos tenemos el poder de hacer un mundo más justo. El spot conllevaba un mensaje claro y necesario de la defensa de los derechos humanos. Contrapunto consiguió máximo impacto con pocos recursos.
Seis meses después del lanzamiento de la campaña, el gobierno censuró el spot en los canales de televisión nacionales por considerarlo publicidad partidista y política, multando a los medios que lo emitieran. Después de la censura el efecto de la campaña se multiplicó y fue uno de los veinte virales más vistos en todo el mundo.
El spot fue premiado con Sol de Bronce en el Festival Publicitario Iberoamericano 2008. También obtuvo Premio Laus y Gran Laus 2008.